24 de noviembre de 2007

La pena de los hombres que mueren en invierno

Tomó su abrigo y se fue a cruzar la fría tormenta que golpeaba afuera al bosque. Abrió la puerta y un viento veloz voló su sombrero ruso y peló su cabeza, se dio media vuelta, lo recogió, lo acomodó en su cabeza con más fuerza que antes y vio que los árboles movían sus brazos escondidos en la oscuridad de la noche espantados del hielo y de la lluvia. Ya no quería cruzar el bosque, por miedo a perderse y morir en el frío. Había pensado en pasar la noche a salvo en su cabaña, despertar al día siguiente y cruzar el bosque con el calor y los ojos que da el sol. Se acostó sobre su cama así como estaba y comenzó a soñar. Sobre ella, como siempre. La vio en sus sueños con su pelo magnífico, sus risas temerosas pero encantadoras, sus manos suaves de seda y caricias, sus ojos dilatados de pena, miedo y pasión; una pasión arrolladora y ferviente de amor, que espera y espera y que a él le gusta pensar que no es vano. La escuchó con oídos melosos contar las cosas lindas que dice, se entibió su alma y despertó. Todavía era de noche y el viento, como un jinete endulzado por su látigo, chillaba en los rincones de la casa. Fue a beber un vaso de agua y volvió a la cama para seguir durmiendo hasta que fuese de día. Continuó soñándola. Esta vez la recostaba en su cama y como un bebé apoyaba su cabeza en el pecho de ella. Ninguno de los dos hablaba, el calor que sentían invalidaba cualquier palabrerío y él se regocijaba del momento como nunca nadie jamás disfrutó de un silencio deshecho de todas las estupideces humanas que atrofian al feliz. Su sueño encontró la quietud de ese momento y se congeló como una fotografía por largas horas hasta que despertó y comenzó a llorar. Extrañaba a la mujer de sus sueños y como para ahogarlo en penas, la noche había vuelto una vez más con vientos aún más fuertes. Cocinó una sopa que le diera calor y fuerzas y a la brevedad de acabarla, cambió sus vestimentas por unas de telas más gruesas y salió de su cabaña a intentar cruzar el bosque.

9 comentarios:

Gabito Crónico dijo...

Para mí empieza a cruzar el bosque y se encuentra a la chica de los sueños...se la empieza a chapar, pero de repente se da cuenta de que es una bruja, y ahí empieza la joda.

Muy bueno alex!!

Alex Holzmann dijo...

jajajajaj me gusta eh! resulta ser fatima minuzzi y el pibe decide dejarle su sangre al bosque jaja

Anónimo dijo...

para mi se suicidó, ya te lo dije

extrañas a una minita puto maricón maraca ? sos una vergüenza para los verdaderos machos toros porongueitors.

malena dijo...

ey alex
muy lindo escrito
esperaremos el próximo capítulo

macanudas* dijo...

me fui imaginando todo.
y hasta me angutié un poquito con él.

viene en partes?
va a poder cruzar el bosque?
o tengo que imaginar lo que yo quiera?

muy bueno, alexholzmann.
saludos,

Lu*

macanudas* dijo...

angustié no, anguStié.
esto de no releer lo que se comenta....
ay lululu

Alex Holzmann dijo...

gracias gente! lu imaginate lo que quieras, pero va a cruzar el bosque!

Hélène dijo...

"Continuó soñándola". Hermoso.

Para mí, ya que todos hacen hipótesis y el autor lo permite, el bosque es una metáfora.
Y no lo cruza nunca, porque no tendría sentido terminar de cruzarlo. Y ella no está ni en su cabaña ni en el bosque, está más allá, si lo pudiera cruzar, si fuese posible, no habría necesidad de dormir y soñarla para traerla, ni habría necesidad de abrigo o de sopa.

Muy lindo. Y con los 30 grados que hace en noviembre me refrescó este cuento ruso.

lu* dijo...

y tommy tom?

dijiste que
iba a continuar....