25 de octubre de 2007

Noches de Asturia


A falta de inspiración, tiempo y experiencias profundas recientes, recuerdo un texto viejo que escribí cerca de Mayo de 2006:



Me levanté de mi cama sumido en la oscuridad del extenso y aburridísimo invierno norpolar, anclado en una anémica soledad, una crueldad temiblemente vigorosa, y un terror abominable. Estas espantosas sensaciones, nauseabundas, me habían persuadido insistentes en los últimos meses y ya no sentía sorpresa alguna por este o ningún estado de ánimo; éstos íntegros a la antigüedad de esta infame personalidad cretina que, con mínimas ligerezas, casi todo lo comprendía. Comencé a desinteresarme por las cosas que hasta incluso antes más me agradaban, para luego consumar por completo el mínimo respeto que me quedaba por ellas. Prontamente un desprecio feroz, una inapreciable aberración y una repugnancia atroz se adueñaron de mis sentidos para hacer hábilmente de ellos lo que les placía; me resultaba imposible distinguir, con esfuerzos olímpicos, el calor del frío, la amabilidad de la prepotencia, el júbilo de la zozobra, el propio bien del mismo mal.


Al principio, estas tres agudezas –la repugnancia, el desprecio y la aberración-, fornidos corceles de mi sombría carroza, trotaban una a la par de las otras, sin marcar más que huellas similares en el camino, es decir, se había vuelto rutinario su andar y, por lo tanto, sentía una tranquilidad que radicaba en que ninguna nueva monstruosidad inesperada podría suceder. Sin embargo, cuando una de éstas perdía el ritmo y caía, o vivaz se adelantaba, la desesperación y el temor me invadían para crear y asentar, con una fuerza irrelatable en mí, nuevos horrores, los cuales me eran imposibles desterrar.


Extrañaba profundamente pensar con claridad y, en caso de que esto ocurriese, se convertía para mí en el mayor logro del día y en el ímpetu que me permitía cada noche, antes del dulce sueño, intentar deducir que era lo que tanto me afligía y me mantenía sumergido en este mundo que tan real yo concebía. El fracaso me perseguía sanguinario. Me acechaba en cada rincón de la siempre lóbrega casa, abatiendo constantemente mi espíritu con imágenes infernales de sufrimiento continuo, penas diversas y extrema tristeza.

3 comentarios:

malena dijo...

Epa! Detrás del analista internacional hay un Alex literario! Muy bueno. Me parece que pasaré más seguido por aquí...
Saludos!

Hélène dijo...

Coincido, coincido, me costó hallarme, pero me hallé. ¡Eureka!

malena dijo...

Ey,
Yo quiero más textos como este...Abandone los países por un rato Holzmann